Genoveva

GenovevaCuando su madre murió, María lloró mucho. Lloró por ella, porque sintió una orfandad como no pensó que podría llegar a sentir. Pero sobre todo lloró por su madre, porque aquella mujer, fuerte, valiente, inteligente, debido a las circunstancias de su vida, había levantado un muro entre ella y los demás, un muro para emparedar sus sentimientos, camuflándolos de frialdad, quizás pensando, erróneamente, que mostrarlos la iba a hacer parecer débil, un muro que solo se derribó cuando el alzheimer hizo presa en ella, solo entonces fue capaz de decir: “tengo miedo” o “dame un beso”.

Genoveva no era una mujer cariñosa, no era de besos y abrazos, de palabras delicadas, pero (eso lo apreció Maruxa cuando ya era María) las largas noches cosiendo vestidos, tejiendo chaquetas con lana de varios jerseys deshechos y vueltos a tejer, las largas tardes tiñendo paño del uniforme viejo de su marido, para hacer “abriguitos marineros” a sus hermanos… decían mucho más que cualquier halago, del profundo amor que tenía por sus hijos.

Genoveva fue educada en una época (y por una madre), en la que “hechos son amores y no buenas razones”, las palabras eran innecesarias, había que trabajar, cumplir con lo establecido y dejarse de tonterías, pues buena era la abuela Demetria…
Cuando Genoveva tenía ocho años, su aplicación en el colegio le valió una mención del maestro para dotarla de una cartilla de ahorros (ningún niño de su entorno sabía lo que era eso), y según ella, la cartilla llevaba incluido un premio para ir a estudiar fuera, cuando fuera un poco mayor. El abuelo Genaro, con todo y ser un hombre con miras amplias, se acobardó, Genoveva era hija única, año 1928, fue demasiado para él y…..no le dejó ir, y ahí empezó una larga carrera de frustraciones.

Ella era una niña guapa, rubia, ojos verdes, un poco rellenita, y además, muy inteligente, trabajadora y con una curiosidad por todo y unas ganas de aprender enormes, nació demasiado pronto. Pocos años después vino la guerra, su padre (empleado municipal y de izquierdas) fue represaliado, estuvo en la cárcel y a punto de que lo “paseasen”, nunca más pudo volver a trabajar en nada que no fuese el campo.
Genoveva tb
Genoveva se echó a la espalda (como siempre en su vida) la responsabilidad de su familia, cosió, trabajó en el campo y en lo que pudo. Se casó, tuvo seis hijos, pasó muchas necesidades y trabajos para sacarlos adelante, pero lo que le cambió el carácter fue la traumática muerte de su hija Celita, cuando tenía cinco años. Según le contó a Maruxa su hermana Maribel: “mamá antes no era así, era alegre, los domingos nos hacía unas tortillas y marchábamos de excursión a “La granja de Pedro Murias”, a la ida íbamos andando, pero a la vuelta como estábamos cansados volvíamos en el coche de línea”. A veces su madre era así todavía, pero la mayoría de las veces era más severa que las madres de las otras niñas, la suerte de Maruxa es que tenía hermanos mayores que la querían mucho, ella estaba especialmente unida a Paco y en muchas ocasiones, Maribel hacía de segunda madre.

Fue su madre la que quiso que marcharan al pueblo y después a la ciudad, “quiero que mis hijos prosperen en la vida, que tengan las oportunidades que yo no he tenido”, decía, era capaz de dejar su amada villa, para marchar a “terra queimada”, como le decían las vecinas. Fue su madre, la que después de llegar a la ciudad, quiso trabajar “con seguro”, para tener una jubilación. María aún recuerda con qué ilusión llegó a casa un día y le enseñó una sortija de oro, con dos piedrecitas rojas (buenas, decía ella), que fue la primera joya que compró después de mucho ahorrar.

Cuando María tuvo a su hija, supo lo que es el amor incondicional y le regaló a su madre, que estuvo cuidándola, unos “aros de Fonsagrada” de oro, como los que siempre le decía que llevaba la abuela Demetria. Genoveva, en uno de sus momentos de lucidez, cuando ya había comenzado su largo camino sin retorno, hacia el olvido, le dijo: toma hija, quédate con ellos, que sabe dios a que manos van a ir a parar y éstos me los regalaste tú.

Tagged with 

10 thoughts on “Genoveva

  1. Impresionante, emocionante y fotográfico retrato de Genoveva… mi madrina. Ni siquiera cuando leo al gran Delibes, encuentro descripciones con tanta puntería. Gracias por este regalo… María :-)

    • La Hacedora de Joyas says:

      Nacho, cuando los relatos nacen de lo vivído,y sobre todo de lo sentido….solo pueden ser certeros.
      Lo de Delibes si que me llega…claro que el cariño incondicional tambien puede cegar.
      Gracias a tí por leer a esta hacedora.
      Un abrazo fuerte.

  2. Èsta es, sin dudas, mi favorita; va a ser difícil que escribas otra que me guste y que me emocione tanto.

    • La Hacedora de Joyas says:

      Desastre
      Cuando las cosas salen del corazón y…. quizás del reconocimiento tardío de los valores de las personas que nos rodean…..
      Un abrazo

  3. La abuela, todo un personaje…. La tengo adjudicada a mi infancia. Pero luego la fui viendo de otra manera. Siempre insistió en que fuera independiente, como hubiera disfrutado si hubiera nacido en mis tiempos …. Todavía recuerdo cuando iba a visitarla ya de mayor y empezaba a hablar en castellano y poco a poco se pasaba al gallego, se daba cuenta y me decía tú me entiendes, ¿Verdad? Y yo le decía, si abuela pero más despacio

  4. La Hacedora de Joyas says:

    Azucena Iglesias

    La abuela…un personaje…cierto!!
    Su vida daría para varios relatos, su fuerza, valentía, coraje… y como todo ser humano…sus miedos escondidos, nunca mostrados….

    La vida a veces nos va llevando por caminos que no nos gustan y ni siquiera somos conscientes de que podemos reconducirlos….

    Pero es cierto que hasta el final, su mayor pena fue, no poder vivir en su amada Galicia…..

    Un abrazo

  5. fantástico

    • La Hacedora de Joyas says:

      Teté,

      Se que tú entiendes muy bien este relato y ademas sabes que nace de lo mas profundo.

      Gracias amiga!!

      • Teté Alvarez says:

        Lo leería un ciento de veces; como transformas en amor la disciplina, eres grande en sentimientos.
        Y esa hermosa foto te repito que veo a Mercedes siempre ( en este caso), delante de la abuela.

        • La Hacedora de Joyas says:

          Teté
          Cuando te haces mayor, eres capaz de entender, que muchas veces esa disciplina, que de pequeña no aceptabas…estaba llena de amor.
          De amor hacia tu futuro, de quererte hacer mejor persona, de estar orgullosos de tí…
          Con tanta vida vivída, estoy absolutamente segura del profundo amor de Genoveva por sus hijos.

Responder a Azucena Iglesias Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title="" rel=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>