La fotografía

P1030526En casa de Maruxa había alguna fotografía, pero una era especial, su madre la guardaba envuelta en papel de seda, de esos que venían en las cajas de los zapatos “Gorila”.

La foto, era rectangular, color sepia, las imágenes no tenían piernas, solo torso, hombros y cara, seguramente compuesta de recortes de varias fotos encontradas aquí y allá.

En el centro, la abuela Antonia (abuela de su madre), con su pañuelo negro sobre la cabeza y su mantón, también negro, sobre los hombros, Maruxa apenas recordaba a aquella ancianita sentada en una “silla pequeña”, en la esquina de la cocina.

En un lado, la tía Pepa, mucho más joven de lo que ella la recordaba, guapa, con un peinado elaborado, de la época, la tía Pepa….que (según le gustaba puntualizar) era “sastra” y ella no le hacía la comida ni le lavaba la ropa a nadie, así que fue capaz de no casarse y de “cortejar” durante cuarenta años. Todos los domingos, durante esos cuarenta años, venía a verla su novio “Tomasín de la madera” y Pepa, hecha un pincel, abría la parte de arriba de la puerta de dos hojas y…charlaban (a Maruxa se lo contaron así).

Estaba Encarnación, alta, sonrosada, mujerona, que antes de la guerra servía en una casa “muy buena” en Madrid. Su ilusión era quedarse a vivir allí, pero…..cuando su madre vio los continuos conflictos que había en la capital, la mandó llamar, quería a todos sus hijos cerca y las ilusiones de Encarnación de una vida diferente se truncaron, ya nunca salió de la villa, lo que lamentaba profundamente, pero siempre le transmitió a Maruxa un aire diferente, como más señorial.

Anxela, uy… Anxela, no se acordaba mucho de ella, murió siendo Maruxa pequeña, en la foto era alta, esbelta, guapa como sus hermanas, con ojos claros. Lo que si recordaba, es que en cuanto la tenía a mano le hacía rabiar lavándole la cara, quisiera ella o no. Cuando pasaron los años, imaginó que sus tías, que eran mujeres con otras miras, estaban muy frustradas y se aburrían mortalmente.

A su abuelo Genaro no lo conoció, pero lo veía ahí, enjuto, como la mayoría de sus hermanos, con unos bigotes rizados y una sonrisa bondadosa, o al menos eso le parecía a ella, años después su madre le decía a Maruxa: ay hija, como te pareces a mi padre, delgada como él, alta como él y siempre (y esto era un gran elogio viniendo de su madre) con la palabra justa.

Su madre le hablaba de los otros personajes de la foto, ella no se acordaba de todos, pero sí de uno, el tío Ramón, vestido con un traje blanco, pelo liso, un cierto aire a Lorca (cuando supo quien era Lorca lo ubicó) y del que su madre le decía en voz baja, que se rumoreaba que era “de la acera de enfrente” y por eso se tuvo que ir a Cuba. ”La acera de enfrente” era un misterio sobre el que nunca se atrevió a preguntar (las preguntas de cierto tipo solo te podían reportar algún bofetón), formaba parte de misterios como : “dar a luz” “hay ropa tendida” “hay moros en la costa” y muchas más.

Cuando miraba esa fotografía, tan pulcramente envuelta en el papel de seda, comprendía que debía significar mucho para su madre, parte de sus recuerdos más queridos estaban en ella, historias intuidas y nunca contadas del todo, parte de las tías que emigraron a Buenos Aires y nunca se supo de ellas, otras se fueron a Cuba y cuando vinieron mal dadas hubo que salir con lo puesto, pero a ella, lo que más le llamaba la atención eran los pendientes y los prendedores del pelo que lucían las tías, y que según su madre les enviaron sus hermanas de Cuba y Buenos Aires y que “otro día”, serían para ella, puesto que ninguno de los hermanos ni hermanas del abuelo se casaron y no tenían mas sobrinos.

Maruxa nunca vio esas joyas en su casa.

2 thoughts on “La fotografía

  1. Cuán afortunada eres por tener esa memoria prodigiosa, fiel hija de Prudencio … aquellos que guardan tan bellos recuerdos en su memoria pueden disfrutar de la vida el doble que los demás.

    • La Hacedora de Joyas says:

      Pues sí, en eso soy privilegiada, por eso me gusta compartir estas cosas, quizás a los que no tienen tanta memoria se les “remuevan” cosas por dentro, porque los recuerdos…son bastante universales.

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