El pueblo

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En el pueblo, Maruxa se hizo María. Los niños no sabían decir su nombre. Le llamaban Marussa, Marussia, de cualquier manera, menos como tenía que ser, por más que ella les indicaba, no era posible y las más de las veces, solo servía para que se rieran de ella, así que decidió que a partir de entonces, sería María. Lo dijo en su casa, pero… ellos también se rieron y siempre le llamaron Maruxa.

Cuando ella era pequeña a los niños se les quería mucho, pero no se les hacía caso, no se estaba continuamente pendiente de sus palabras, simplemente se les trataba como a niños. En el pueblo los inviernos eran terribles, iban a la escuela con guantes de lana y “verdugos” que picaban y solo te dejaban los ojos al descubierto; era una tortura, pero el frío era tan intenso… Había unas nevadas enormes y los niños entretenían el camino tirándose bolas de nieve y arrancando los “carámbanos” que se formaban en los techos de las cuadras de las ovejas.

En la escuela no hacía menos frío, solo había una estufa, la encendían con serrín, palitos y piñas, y si no estabas bien pegado a ella, mejor te dejabas el abrigo puesto. En el recreo repartían unos quesitos amarillos que María aborrecía, y una leche en polvo que decían que mandaban los Americanos…

Los veranos eran otra cosa… Libres de la escuela, los niños se dedicaban a correr aquí y allá, era raro que hubiera “deberes”, todo el verano era para jugar. Los días eran interminables, salían por la mañana, pronto, libres.

Los niños del pueblo tenían que ayudar en sus casas, había labranza, y cuando María era pequeña, era la cosa más natural, que todos tuvieran obligaciones, había que dar de comer a los animales, ayudar en la siega, aunque fuera haciendo gavillas… en fin, mil tareas pequeñas, pero muy valiosas para el conjunto familiar y a nadie se le ocurría pensar que estaban siendo explotados, si no que “había que echar una mano”. Pero ellos no, no tenían tierras ni animales, así que… estaban libres, solo tenían que estar atentos a la llamada para comer o para cenar.

imagesCAE3XSUDLas noches eran calurosas, salían a la puerta del cuartel, los mayores con sillas, a la “fresca”, los niños correteando, era muy difícil dormir hasta que las casas se refrescaban o hasta que el sueño los vencía. De noche, en los bordes de los caminos había luciérnagas, “gusanitos de luz” les llamaban ellos, las niñas se los ponían en el pelo y parecía que tenían una corona de luz, como los santos de la iglesia.

Y de todas las cosas maravillosas que pasaban las noches de verano, la más extraordinaria sucedió, cuando el cielo se tiño de una gama de colores que iban desde el verde al rosado, como una paleta llena de turmalinas, era un espectáculo grandioso, todos se quedaron boquiabiertos, y María se acordó de Don Bernardo, el párroco, que desde el púlpito los arengaba domingo tras domingo, diciéndoles que el cielo caería sobre sus cabezas, por pecadores. Ella pensó que el momento había llegado.

Años después, cuando Internet era una herramienta cotidiana, supo que por aquellas fechas y en aquel entorno, se había visto una Aurora Boreal.

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6 thoughts on “El pueblo

  1. ¡ Qué bonito ! Este es el que más me gusta, aunque los otros también están genial !!!!! :) )

  2. ¿Que mas nos puedes explicar?, ha sido maravilloso encontrar mas explicaciones sobre este tema.

    Saludos

    • La Hacedora de Joyas says:

      Casa Rural La Rioja:

      Gracias, en breve tendremos mas historias publicadas, y muchas de ellas del rural, que es verdaderamente de donde procedemos todos, quien no tiene un abuelo en el pueblo?, quien no ha pasado las vacaciones mas maravillosas de su infancia en la aldea?…

      Pronto mas….

  3. Esto es realmente bueno, eres un blogger muy profesional. Me he unido a tu RSS y me gustaria disfrutar más cosas en este gran blog. Además, !he compartido tu sitio en mis redes sociales!

    Saludos

  4. La Hacedora de Joyas says:

    Turismo Rural Rioja:

    Muchas gracias por tus comentarios, por tu adhesión y por compartir.

    Esta hacedora es muy feliz, cuando alguna de sus historias pulsa la tecla interior de alguien y despierta esos recuerdos maravillosos que todos llevamos dentro, pero que tenemos sepultados por la carrera cotidiana que es esta vida.

    Un saludo

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