El verano en el pueblo

Captura de pantalla 2014-02-25 a las 10.02.02Después de las primeras comuniones y las procesiones de Corpus, llegaba el verano.

En el pueblo el verano era muy caluroso, tórrido, como los niños solo tenían escuela por la mañana, había que dormir la siesta, y las tardes eran para jugar. Hacían mil y una excursiones.

Había muchos sitios llenos de misterios. Estaba la huesera, donde los aldeanos lanzaban los animales muertos, para que los buitres se alimentasen; los niños corrían espantándolos… impresionaba verlos, con aquella envergadura, pero ellos ni siquiera se planteaban tener miedo.

Iban detrás de los carros cargados con el trigo, apañando las espigas que caían, era una diversión, pero también servían para dar de comer a las gallinas.

Se tumbaban durante horas, para mirar  que formas tenían las escasas nubes que pasaban, allí un caballo, aquí un león, mira, mira… un ángel…

María tuvo su primer novio un verano. Tendría siete u ocho años y no recuerda su nombre, solo sabe que era hijo del constructor, pero lo más interesante de todo es que tenía bicicleta; el chico la seguía a todas partes como un corderito y ella vio que era ventajoso que alguien la llevase de aquí para allí sin tener que cansarse. La primera fiesta de cumpleaños a la que asistió, fue a la de ese mozalbete.

Algunas noches, mientras los mayores charlaban a la fresca, ellos se escapaban hasta la terrorífica “ermita de los judíos”. Era una edificación sólida y tétrica en medio de los dos caminos, que iban del cuartel al pueblo y viceversa, la era alta y la era baja. Envalentonados unos con otros, se acercaban a mirar por las rendijas que había en la puerta y las ventanas, pero… cuando iban solos… ¡ja!, corrían que se mataban, no en vano sus mayores siempre les decían, que allí, habían vivido los que “mataron a Nuestro Señor”.

Como siempre, mucho tiempo después supo, que en realidad era todo lo contrario, un crucero cubierto para guiar a los peregrinos del Camino de Santiago.

Don Bernardo, el párroco, no debía de tener mucha fe, porque cuando la gente del pueblo le decía: Don Bernardo hay que sacar la Virgen en rogativas, que no llueve, él siempre les contestaba mirando al cielo: yo si queréis, la saco, pero… pinta de llover, no tiene.

Las películas se veían en una especie de local social que había al lado de la iglesia, y por tanto, Don Bernardo era el cámara, en cuanto se veía el “amago” de un beso, la mano del cura, tapaba castamente el proyector, levantando las quejas más airadas por parte del público, que pataleaba a discreción.

imagesCA5GS76IHacía tiempo que en casa de María, habían colocado una repisa atornillada a la pared, cuando preguntaba que era aquello, le decían, ya verás, ya verás…  Un día al volver de bañarse en el río, encontró nada menos que ¡UN APARATO DE RADIO colocado encima!!! Ya nunca nada fue igual… desde ese momento escuchaba con reverencia, sus programas favoritos, “Ustedes son formidables”, “Pepe Iglesias El Zorro”,  “Operación Plus Ultra”, “Ama Rosa”… , pero su emoción mayor, fue un día de su cumpleaños, cuando estaban comiendo y de pronto en la sección de “Discos Dedicados”, la voz del locutor dijo: “para María, la niña mas guapa del cuartel, en el día de su cumpleaños, sus papás y hermanos le dedican…  “Los Gitanos”, lloró y les hizo llorar a todos, al tiempo que ella también cantaba… Los gitanos sentados en torno a la hoguera…

4 thoughts on “El verano en el pueblo

  1. Ayyyyy, qué linda la historia de la radio .-)

    • la hacedora de joyas says:

      DOS

      La radio fue la primera ventana a la que se asomo esta hacedora, para descubrir lo que había mas alla de su reducido mundo.

      Ella ponia cara a los personajes que “vivían” dentro del aparato, esperaba su encendido diario, casi como un ritual y, por supuesto, veía emerger como estelas ondulantes, las maravillosas voces que poblaban aquel mágico espacio.

      Que nunca nos falle la ilusión…

      Un abrazo

  2. Qué bonito relato!!!! Desconocía, como seguramente tantas otras cosas, esta faceta tuya de escritora.
    Te animo a continuar!!. Yo me sumo a tu cohorte de seguidores, me encanta leer y me rechiflan como decimos en Galicia…. “os contos”.
    Un bico enorme y gracias por compartir esto conmigo.

    • la hacedora de joyas says:

      Ana Mourenza

      Gracias!!
      Las facetas que vamos descubriendo poco a poco en los amigos recientes, nos ayudan a conocer su personalidad y a reforzar la nuestra.

      “Os contos” palpitan en nuestro ser mas profundo, nuestro día a día se nutre de las experiencias vivídas, oídas e imaginadas…es un placer poder transmitirlas y que te lleguen.

      Un fuerte abrazo

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