El verano en la villa

tg_carrusel_cabecera_grandeEn cuanto acababa la escuela, Genoveva ya estaba dispuesta para volver a la villa. Pasaba todo el invierno pensando en aquel viaje, el reencuentro con sus tías, a las que añoraba más de lo que ella quería reconocer, sus amistades, sus antiguos vecinos, pero sobre todo… su mar, su acento, su tierra… la eterna “morriña” del desplazado a su pesar, y…  ¿por qué no decirlo?, ese puntito de orgullo, de que los demás viesen, como iban prosperando año tras año.

A María le gustaba mucho volver a la villa, allí volvía a ser Maruxa por un tiempo; de hecho, allí siempre es Maruxa.

En la villa el verano era diferente; playa, noches más frescas, con chaqueta, interminables visitas, para que todo el mundo viese cuanto había crecido, eso sí, seguía siendo una larguirucha morena.

¡Qué contenta estaba su madre en la villa! Cuantas veces Maruxa quiso quedarse para verla siempre así… Era otra persona; reía, cantaba con su hermosa voz y le permitía cosas impensables el resto del año.

Un verano fueron al cine, a ver una película de Marisol ¡qué guapa era!, qué rubia, qué ojos tan azules y… cómo cantaba, ¡ella quería ser como Marisol!!.                               Su madre también quería que fuese como Marisol, y con una fe incondicional en sus dotes de cantante, cuando ya vivían en la ciudad, la presentó a un concurso de canto que hacían en la radio; ganó una tableta de chocolates Zahor y un tal maestro Blasco que la acompañó al piano, le aconsejó tomar clases de canto.

Le buscaron una profesora que le obligaba a hacer escalas con la mano apoyada en el piano y si fallaba… ¡zas! le daba con la regla; al tercer día no volvió a clase, pero… eso fue mas adelante.

Inevitablemente llegaba el día de la partida. Lágrimas, adioses, maletas, bultos, su madrina cargándolos con comida, “como si fueran a la guerra”, decía Genoveva intentando disimular que tenía el corazón apretado, y la garganta seca, una vez más en su vida.

sorolla--644x362Se acaba el verano, se desliza por la ladera del tiempo, se diluye como la arena con el empuje de las olas. Se acaba el verano de tardes doradas y perezosas, de largas siestas en penumbra, de juegos al aire libre, de correr hacia la ermita, de coger cucharones en las charcas que va dejando el río medio seco, de luciérnagas en el pelo, de mieses segadas haciendo gavillas que irán a la era, para que las mozas, con sus caballos les pasen el trillo, y después de desmenuzado y aventado el trigo de la paja, se formen enormes montañas de bálago por los que se deslizan como en un tobogán.

Se acaba el verano de playa, de coger chícaros, erizos, de cielos color aguamarina, de mares verde esmeralda, de sabor a sal en todo el cuerpo, de estrellas de mar, de castillos de arena, de pala, rastrillo, cubo, de algas como largas melenas…

Se acaba el verano de noches claras, estrelladas, de sillas en el porche, a la fresca, de acostarse tarde…

El ciclo de la vida se cumplía inexorablemente una vez más, una vida que ella (aunque no era consciente), se bebía cada día a tragos largos.

 

4 thoughts on “El verano en la villa

  1. Dios cuántos recuerdos me vinieron de mis veranos!!!!!! Como los de todo el mundo, supongo, eran pura felicidad, descubrimiento y energía.
    Me encanta este despertar a los recuerdos, así, sin tenerlo previsto jajjaja.
    Bicos!!

    • la hacedora de joyas says:

      Ana Mourenza

      Los recuerdos, siempre vienen “sin tenerlo previsto”…y cuando son buenos… que asalto tan maravilloso!!!!

      Bicos grandes

  2. Cristina Leiro says:

    La verdad entre la foto y tu historia; no creo que nadie que haya pasado sus veranos en la costa de Lugo( En la de las vacas y la hierba seca, la de la huerta de repollos del tio chicho y la palleira de lola, la playa y el sabor a sal de mar) no haya retrocedido en el tiempo un montón de años. Tus escritos me transportan,¡ bravo!quiero más me encantan. Un beso hacedora

    • la hacedora de joyas says:

      Cristina Leiro

      En mi caso la palleira era de mi madrina María, la vaca de mi padrino Toño y los chícaros, lapas y erizos que cogíamos en el Cargadero, nunca han vuelto a tener ese sabor maravilloso a mar de infancia…

      Un beso grande

Responder a la hacedora de joyas Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title="" rel=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>