El traslado

El trasladoMaruxa era muy pequeña, pero recuerda muy bien cuando sus padres decidieron que era el momento de emprender una nueva vida. Recuerda el ajetreo, los cuchicheos, los preparativos, la emoción que sentía con todas aquellas idas y venidas que, seguramente, deparaban nuevas aventuras, o al menos eso imaginaba ella, porque cuando era pequeña, nadie se molestaba en explicar a los niños las “cosas de mayores”.

Nunca fue una niña muy apegada a las cosas, así que cuando, por comentarios cogidos al vuelo, comprendió que se iban de la villa….saltó de alegría. Sí, dejaba a Pepín, a sus tías a sus vecinos, pero….¿y lo qué iba a encontrar? las aventuras nuevas, nuevos amigos, nueva escuela, nuevos maestros, hasta, según le dijo su hermana Maribel, ¡otro idioma!

Recuerda como fueron a despedirse de Doña Eudoxia (que había prestado-regalado, el dinero para el entierro de Celita), según su madre, era una buena mujer que ayudaba a los pobres cuanto podía. También se despidieron de su madrina, María y de su padrino, Toño, al que siempre recordaría por su sonrisa cariñosa y porque cuando era la época de la siega, le traía una jaulita con un “paspallás”. De sus tías, que le dejaban tener un surco de tierra para ella sola, en el que plantaba maíz, y le guardaban un “sacho” de dos dientes, con el que Maruxa removía el sembrado todos los días y lo regaba tan a menudo que terminaba por ahogarlo. Fueron por todas las casas de los vecinos.

El traslado tbRecuerda como cargaron en un camión los muebles que tenían, seguramente vistos ahora, no valían nada, pero eran sus pertenencias y sus tesoros, toda una vida, algunas de esas cosas ya vinieron de África, donde sus padres también estuvieron destinados. Su padre marchó en el camión con el conductor y ella con su madre y sus hermanos subieron al “coche de línea” para ir a la ciudad a coger el tren, donde viajarían a un pueblo lejano lleno de cosas maravillosas y una vida nueva.

En ese trayecto, Maruxa perdió un pendiente de plata de cierre “gallego”, que le habían regalado sus tías, lo que le valió un buen bofetón por parte de su madre y estar sin pendientes hasta que se pudieron comprar otros, lo cual unido a su pelo corto, su delgadez y lo moreno de su piel, le hacia parecer un chico, cosa que a ella le gustaba, porque era bastante “chicazo”.

A Maruxa el viaje le pareció maravilloso, el tren se le antojaba un vehículo mágico, donde todo podía suceder, a través de las ventanillas se veían campos verdes, montañas, ríos, un mundo que pasaba ante sus ojos a una velocidad como nunca había visto….. La imaginación de la niña, no le dejaba percibir, la dureza de la madera de los asientos, la carbonilla que le manchaba la cara y se le metía en los ojos, los numerosos transbordos, las interminables horas de espera en las estaciones entre tren y tren, sentados en las maletas, dormitando en las inhóspitas salas de espera, comiendo las provisiones que se traían de casa. No, Maruxa no se preocupaba de eso, para eso estaba mamá.

Muchos años después, cuando ya era María, supo, que cuando el coche de línea cogió la curva de la Villavieja y se dejó de ver la villa, a su madre se le partió el corazón, porque a pesar de que quería lo mejor para sus hijos, y ella también quería prosperar, allí quedaba toda una vida y muchos seres queridos que ya no estaban.

Cuando Genoveva murió, los hijos que le quedaban completaron su ciclo, llevándola a donde siempre quiso estar, a su villa.

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2 thoughts on “El traslado

  1. Tras-lado…Dejando tras de sí,infinitos momentos,olores,tactos,sonidos…Lados-rincones imborrables de la huella digital que nos personaliza únicos-exclusivos e inconfundibles en la materia de la forma,y sin embargo tan comunes en la esencia del sentir.Gracias de nuevo,Hacedora de tantos sentidos Enjoyados.

  2. La Hacedora de Joyas says:

    Los recuerdos…los recuerdos maravillosos, casi siempre alterados por el paso del tiempo, vividos de diferentes formas por diferentes personas, pero esta hacedora, siempre los ve positivos, los otros…se han diluido con el tiempo.
    Un abrazo.

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