El tren

El trenA María siempre le fascinó el tren.

Desde aquel primer viaje, cuando todavía era Maruxa, quedó prendada de la magia de las locomotoras echando humo, cual dragones enfurecidos. Los vagones, altos, a los que tenías que subir por unas escaleritas que te sumergían en un mundo lleno de misterios, compartimentos aislados donde, cuando cerrabas la puerta y corrías las cortinas, quedabas inmerso en tu propio universo.

Fuera estaba el pasillo, lleno de gente que no tenía sitio, sentados en sus maletas, muchas de ellas atadas, pues los materiales de las que estaban hechas y las endebles cerraduras no bastaban para contener las pertenencias que se habían metido “a presión”.

Los viajes eran largos, muy largos, había que contar con los transbordos. Esperando por el tren de enlace las horas se hacían eternas, cuando los viajeros iban hacia el mismo destino, se fraguaban amistades, se compartía la tortilla, el conejo con pimientos y los mil manjares que salían de las fiambreras que se habían preparado, quizás, días antes. Cuando llegaba el tren, una marea humana se agolpaba a la puerta de los vagones, cargados con sus variopintas pertenencias, entre las que se incluían no pocos niños, había empujones, codazos, un “oiga usted, no empuje”, primero las señoras y los niños, un subir corriendo a ver si había suerte y se cogía al menos un sitio, porque así se podrían turnar para sentarse. Después venía el colocar las maletas en la red que había, a tal fin, encima de los asientos, era tarea casi imposible…los que iban al pueblo llevaban la maleta más vacía, pero los que venían de él…chorizos, jamón y…a veces algún animal vivo, un conejo una gallina…

Cuando empezaba el viaje, propiamente dicho, María entraba en una fase de ensoñaciones.

El tren tbDe todas las travesías que realizó, la primera fue la que más marcó su relación con el tren. A medida, que ante sus ojos, a través de las ventanillas, el paisaje se iba transformando velozmente, del rabioso verde esmeralda de los frondosos valles, hasta el mar de oro de los trigales ondulantes, que encontró al término de su viaje. A medida que veía en el fondo de las gargantas ríos sinuosos, que se le antojaban serpientes gigantescas. A medida que pasó cerca de montañas que a pesar de que era verano, todavía tenían nieve en las cumbres….Supo que existían otros lugares.

Pero, en ese primer viaje, también supo que existía otro mundo, un mundo que Maruxa solo había intuido en alguna revista que le prestaban a su madre, o en alguna película (muy pocas) que había visto.

Era de madrugada, dormía placidamente como solo los niños pueden dormir, ajenos a la pena de los mayores por el pasado, que se alejaba lentamente o a la preocupación por el futuro incierto que llegaba a toda velocidad……de pronto…..un estruendo horrible, las maletas caían encima de sus cabezas golpeándolos con saña, el vagón se ladeó, Maruxa se vio arrancada violentamente de su sueño estrellándose contra el suelo…caos, gritos….miedo. Salieron como pudieron, su madre se preocupaba de que estuviesen bien y de que nadie les robase las maletas (que no eran menos importantes), habían descarrilado… Su vagón no se había salido de la vía, pero el inmediatamente anterior sí, ella no supo nunca si hubo heridos, muertos quizá, a ellos no les pasó nada, solo unas magulladuras aquí y allá, pero cuando la niña miró atentamente (no recuerda si hacia la maquina o hacia la cola del tren), vio que de un vagón salían unas señoras… ¡ con bata! unas batas maravillosas, brillantes, a la luz del amanecer parecían hadas y unos señores, también con bata, que eran como esos de las revistas y de las películas…
Dijo: mamá, mira!!!!, su madre le contesto: esas personas viajan en “coche-cama”….Coche-Cama!!!!!, ella que durante muchos años viajó en tercera, con quilométrico y carnet de familia numerosa…..

Sí, ahí supo que existía más de un mundo.

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5 thoughts on “El tren

  1. Azucena Iglesias says:

    Me encanta. Yo todavía recuerdo los viajes en tren con la abuela…. A mi también me fascinaba… Recuerdo el traqueteo, el bocadillo de tortilla con pan y tomate, el trapo donde envolvía la hogaza, nunca se me hizo largo ni tengo recuerdos de aburrirme…. Espero no haberle dado mucha guerra.

  2. Azucena Iglesias says:

    Ah! Se me olvidaba. Viajábamos en días azules y de noche. Supongo q para q me durmiera y no se me hiciera largo, aunque alguno tb hice de día.

  3. La Hacedora de Joyas says:

    Azu, es lo mismo, solo que un poquito anterior, y te puedo asegurar que no le diste ninguna guerra, porque si algo le gustaba a la abuela, eran los viajes a su villa y los niños pequeños, y contigo disfrutaba de las dos cosas.
    Un abrazo fuerte.

  4. Uf¡¡¡…Que de antaño me suena este relato.Tanto que solo me da la imaginación,que como película trae a mi imágenes rodadas.Yo no se de aquellos tiempos o tal vez no me alcance la memoria en los coletazos que me alcanzaron…Memoria,quizás apagada o encubierta por sonidos otros.
    Mas la magia de edulcorar estos agrios,callosos pasajes,solo una niña dotada del más preciado diamante.Ese que dentro lo brilla todo,en su primitiva naturaleza de embellecer y transmitir como solo él,el cálido prisma de entre las más turbias aguas.Gracias mi adorable Hacedora.

  5. La Hacedora de Joyas says:

    Ada, la belleza puede estar en cualquier cosa, el caso es saberla ver, aunque no te niego que a veces cuesta….
    Un abrazo

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